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El arte que te mira a ti

Juan A. Esteban
Jun 15, 20261 min read

ay instalaciones que ya no se limitan a estar ahí. Te miran. Una cámara lee tu cara, un programa decide que estás triste, y la sala se tiñe de azul para acompañarte. La obra reacciona a tu ánimo en tiempo real, y el folleto lo vende como cercanía: por fin un arte que te siente.

Lo curioso es lo que pasa cuando lo piensas un segundo más. La misma máquina que "te acompaña" te está midiendo. La empatía y la vigilancia, aquí, usan exactamente la misma cámara. Que lo vivas como una cosa o como la otra no depende de la tecnología —es idéntica—, sino de si te has parado a pensar quién guarda esa lectura de tu cara y para qué.

No sé si me conmueve que una sala cambie de color porque he puesto mala cara. Sé que, en el momento en que me entero de que me lee, dejo de mirar la obra y empiezo a mirar la cámara. El arte que te siente convierte al espectador en lo observado. Y ahí, en ese giro, la experiencia estética se va por otro lado: ya no miras: te sabes mirado.

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